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¿Disneylandia en Machu Picchu?

Patrimonio Cultural de la Humanidad, en peligro

Por: Andrea Herbert, ALASEI-Bonn

Lima / Bonn (ALASEI), Julio 2002 - Para comenzar, ¿qué fue Machu Picchu? En el Perú del siglo XVI, fracasada la resistencia de los "Incas coloniales" (entre 1530 y 1572) contra los invasores españoles, el Inca Manco Capac se acogió a un refugio que existía ya en las inaccesibles zonas montañosas próximas a Cusco: el actual Machu Picchu.
Manco Capac, además, fue fundando algunas otras ciudades en esta región llamada Vilcabamba. Hasta 4.000 personas vivían ocultas y seguras en estas ciudades fortificadas, no visibles desde los valles; tan escondidas que alguna de ellas, Corihuayrachina, sobre el Cerro Victoria, a 3.300 m. de altitud, no fue descubierta hasta 1999.
Esas ciudades escondidas fueron siempre lugares sagrados para las comunidades quechuas de la región. El Santuario de Machu Picchu fue, por ejemplo, el gran adoratorio del Apu Wayna Picchu. Con ayuda de un joven indígena, el investigador norteamericano Hiram Bingham descubrió una de esas ciudades en 1911. Como el descubridor no estaba seguro de si se trataba del principal reducto de los "Incas coloniales" acantonados en la región de Vilcabamba, dio a las ruinas el nombre de la montaña sagrada: Machu Picchu, "Cumbre de la antigua montaña".


¿Por qué está Machu Picchu en peligro?

Desde 1983, el impresionante santuario inca está reconocido por la UNESCO como "Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad", junto con otras dos zonas arquelógicas (Chan Chan y Nazca), tres áreas de parques naturales, Cusco, y el centro histórico de Lima. Pero, por lo que se ve, eso no protege a Machu Picchu de la codicia de la industria turística. El consorcio hotelero estadounidense Orient Express (Hoteles Perú S.A.) y una filial de la compañía aérea chilena LAN, se han asegurado los derechos de explotación comercial del santuario, así como de sus únicas vías de acceso terrestre: el ferrocarril a Cusco (unos 112 kms.) y un camino peatonal, también frecuentado por los turistas, el Camino del Inca. Los indígenas y otros grupos de población peruana, en Sudamérica y también en Norteamérica, así como en Europa, temen que en ese lugar de contemplación se alce pronto una especie de Disneylandia y que turistas adinerados deambulen por el santuario en escaleras mecánicas y bandas rodantes. Globos de propagandas comerciales danzan ya hoy sobre el cielo de Machu Picchu.


Consecuencias para la población local

Y lo que ocurre en Machu Picchu no es un acaso aislado, sino un eminente ejemplo concreto de la funesta política económica neoliberal del anterior Gobierno de Fujimori: entregar en manos privadas, principalmente extranjeras, bienes del pueblo peruano  -incluidos sus patrimonios cultural y natural-  financieramente productivos. Esos intereses extranjeros gozan del usufructo y lo explotan en beneficio propio. Lo que agudiza aún más la dramática situación de pobreza y marginación que pesa sobre la mayoría de los peruanos. En el pueblecito de Aguas Calientes, al pie de Machu Picchu, la población venía viviendo del turismo: pequeñas prestaciones de servicios  -porteadores, conductores de autobuses, etc.,-  venta de sus productos artesanales; puestos de comida y pequeñas pensiones. La privatización del único medio de transporte público, el ferrocarril, produjo una enorme subida de las tarifas y el consiguiente encarecimiento de los bienes de consumo que hay que traer de Cusco para los turistas; el megaproyecto del consorcio hotelero norteamericano significa la desaparición de la modesta gastronomía y hotelería de Aguas Calientes. Y aparte de la ruina económica: a la población local se le arrebata su identidad tradicional, su herencia cultural e histórica. Ese es el resultado de los planes que se ciernen sobre MachuPicchu.


Consecuencias para las ruinas mismas

Pero también el Patrimonio Cultural y Natural mismo está en peligro. Las obras planeadas y las transformaciones son más de lo que las venerables, misteriosas ruinas pueden sobrellevar. Los peritajes de prestigiosos científicos peruanos, así como los estudios de la UNESCO y de otras organizaciones internacionales son ignorados con cínico silencio. Los expertos de la UNESCO, por ejemplo, dictaminaron que las ruinas no pueden soportar, sin daño, la presencia simultánea de más de 300 personas. Lo que significa que la cifra actual de 2000 visitantes por día ya es claramente excesiva. El subsuelo de la montaña sagrada es geológicamente inestable, y el entorno natural de las ruinas se deteriora por el exceso de presencia humana.
El peligro de corrimientos de tierras es grande, y especialmente acentuado en las zonas implacablemente machacadas por el golpeteo de los autobuses.  La Prof. Dr. Inge Bolin, antropóloga cultural, de Canadá, opina: "El volumen actual del turismo es ya excesivo en extremo, sobre todo por el sacudimiento de toda la montaña. Los autobuses suben y bajan casi sin interrupción durante todo el día. Ya ha habido aludes de piedras y corrimientos de tierras. Y naturalmente, el deterioro por basuras es enorme. Todo lo cual es una verdadera catástrofe para aquel bellísimo, mágico entorno".


Una vez más: Nada de "caso aislado"

Un ejemplo más de esa destructiva política es Kuelap, en la provincia de Amazonas, al noreste de Perú. El 20-12-001, el Parlamento ratificó en Lima un Convenio que permite la concesión a inversionistas nacionales y extranjeros del terreno en torno a las ruinas de la fortaleza de Kuelap. Los inversionistas se proponen crear una infraestructura turística alrededor de esta joya arqueológica. Carreteras y hoteles harán de Kuelap una nueva atracción turística. Pero la transferencia de los derechos de comercialización significa la expropiación y expulsión de los campesinos de la zona sin indemnización alguna.
Los entendidos consideran a Kuelap como la más importante atracción arqueológica de Perú, después de Machu Picchu. Está situada a 3000 m. de altitud y es de bastante difícil acceso. El conjunto, con murallas de hasta 20 m. de altura, no es de origen incaico, sino de otra cultura anterior, los Chachapoyas, y por su apartada situación no fue descubierta por los conquistadores españoles.
El Gobierno pretende actuar en nombre de la arqueología y del turismo. En todo caso, viola los derechos y desprecia las necesidades de la población local, indígena en su mayoría  -comenzando por ni siquiera haber informado a los habitantes de los planes en marcha. Los campesinos fueron sorprendidos por completo al ser informados por el antropólogo Rodrigo Ruiz Rubio, y otros representantes de la recientemente fundada Asociación para la Defensa y Desarrollo de Kuelap (ADDK), de los proyectos que van a transformar su territorio y su patrimonio cultural. En ningún momento se les preguntó ni se les pidió su conformidad.
Como la situación es bastante tensa, la vida diaria de los atribulados vecinos está sembrada de amenazas y de intervenciones de las autoridades. Un ejemplo: en noviembre del 2000, la Directora del Instituto Peruano de Cultura (INC) entró sin permiso y por la fuerza, acompañada de la Policía y de representantes de otras autoridades, en las viviendas y tierras de labor de los campesinos para iniciar las expropiaciones planeadas. El mismo mes, un misterioso incendio destruyó campos de labor, y bosques. El Instituto Peruano de Cultura culpó a los propietarios de las áreas siniestradas de haber sido ellos mismos los autores del incendio  -acusación disparatada, porque el producto de esos terrenos constituye la única fuente de vida de aquellos campesinos. Aparte de que también fue incendiado el cementerio donde duermen sus antepasados.


Alternativas y consecuencias

El santo y seña es: "Fomento de un turismo sostenible": NO por encima de las cabezas de la población local; NO con daño del tesoro cultural de Machu Picchu , o de otros monumentos análogos; y NO cerrando ojos y oídos a las consecuencias sociales, culturales y ecológicas.
El Gobierno del Presidente Toledo está democráticamente legitimado; pero la voz cantante en ese Gobierno la llevan los ministros neoliberales, que prosiguen la desfachatada política económica del régimen de Fujimori. El desarrollo del turismo tiene que llevarse a cabo en beneficio, no en daño, ni a costa de la población local -con su conformidad y cooperación. Y sólo es sostenible si resuelve las necesidades y problemas del presente, sin comprometer las de las generaciones futuras.
Aunque ni el Gobierno de Bush en Washington, ni el Fondo Monetario Internacional, ni otras Instituciones financieras internacionales, que presionan el cobro de los intereses usurarios de la deuda exterior de Perú, los simpaticen, sin embargo, la mejora de las condiciones de vida de la población necesitada y el respeto a su identidad cultural, basada en su patrimonio histórico, tienen absoluta prioridad y preferencia. El patrimonio cultural y natural de Perú pertenece a su pueblo  - y no a sus gobernantes, ni a quienes se benefician comercializándolo. Lo que está planeado para Machu Picchu agrede y es una afrenta y un grave perjuicio al pueblo peruano. Y es asimismo inaceptable para todos los que reconocen y admiran en Machu Picchu un patrimonio cultural y natural de la Humanidad.
Esa joya no puede verse convertida en una Disneylandia. Y de su desarrollo turístico sostenible debe beneficiarse en primer lugar la población local.

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Entrevista sostenida por Andrea Herbert en junio 2002 con Gunter Weller,Cofundador en 1984 en México de la Agencia Latinoamericana ALASEI y Director desde 1992, año en que ALASEI estableció su sede en Bonn.

A.H. Sr. Weller, ¿por qué está en peligro el Santuario Inca de Machu Picchu, Patrimonio
Cultural y Natural de la Humanidad?

G.W. En Perú, bajo el régimen de Fujimori, se fueron traspasando sistemáticamente propiedades del Pueblo Peruano a extranjeros interesados en su explotación económica. Y así ocurrió en 1996 con el Santuario Inca de Machu Picchu que, con hasta 2.000 visitantes por día, arroja buenos dividendos. Sólo que la población local no obtiene con ello el más mínimo beneficio.

A. H. Concretamente, ¿qué es lo que está planeado?

G. W. Se quiere duplicar el número de visitantes. Y eso, las ruinas no pueden soportarlo.
Ya actualmente se observan amenazadores corrimientos de tierras. Estaba planeada también una instalación hotelera gigantesca, un teleférico de acceso para más visitantes y, dentro del Santuario, escaleras mecánicas y bandas rodantes. El Gobierno provisional tras la destitución de Fujimori suspendió provisionalmente esos planes. Pero el después elegido Gobierno Toledo, que tomó posesión el 28 de julio 2001, ha asumido de nuevo los antiguos planes.

A.H. ¿Qué significarían para la población esos planes de privatización?

G.W. Ahora, la población local de Aguascalientes, el pueblecito al pie de Machu Picchu, puede sostenerse, mal que bien, del turismo internacional. Pero si se llegaran a realizar esos planes de privatización, quedaría absolutamente excluida, y en la ruina económica. Por eso ha protestado en bloque contra esos planes, y a eso se debe la suspensión provisional de los mismos. Con la población de Aguascalientes se solidarizan otras muchas fuerzas vivas, en Perú, y también aquí en Alemania. En Bonn, desde diciembre de 2001, y en Hamburgo desde mayo 2002, existen grupos de solidaridad y apoyo.  La UNESCO, cuya Convención protectora del Patrimonio

Cultural Mundial se contraviene en esos planes, envió en 1998 una Comisión de Expertos que hizo constar su oposición. De las consecuencias, nada sabemos hasta ahora.

A.H.  Y ¿qué posición adopta el Gobierno del Presidente Toledo?

G.W. Un día después de su toma de posesión en Lima, Alejandro Toledo se proclamó a sí mismo en Machu Picchu como reencarnación del Inca Pachacuti, el legendario rey-dios del Tahuantinsuyo, y posible constructor del Santuario. A continuación, se hizo homenajear por sus partidarios en antigua capital del Imperio Inca, Cusco.  Lo que abre una dimensión nueva a la democracia en el Perú. Respecto a la anulación de la fatal decisión de 1996, que otorgaba por 30 años a intereses extranjeros los derechos de comercialización de Machu Picchu, no se ha manifestado. Al contrario, los ministros neoliberales del Gobierno Toledo prosiguen la liquidación del Patrimonio Cultural y Natural de Perú.

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